El “fantasma” que pone en riesgo a la mayoría de las relaciones de pareja

SDDSF

Según un estudio neurológico de la Universidad de Stony Brook (Estados Unidos), las parejas que experimentan “amor romántico” en una relación a largo plazo mantienen sus cerebros “encendidos” de manera similar a la de quienes recién se están enamorando.

La investigación liderada por Bianca P. Acevedo y Arthur Aron, señala que las regiones cerebrales ricas en dopamina, asociadas a la recompensa, la motivación y el ‘querer’ “se activaron de manera similar en las parejas de recién enamorados y los que habían sentido “amor romántico” por muchos años. En este sentido, definieron como “amor romántico” a aquel que se caracteriza por “la intensidad, el compromiso y el interés sexual”. Este tipo de conexión se asoció con la satisfacción marital, el bienestar, la alta autoestima, y la longevidad.

Según explica la psicóloga clínica estadounidense y autora de varios libros, Lisa Firestone, esto significa que las parejas que mantienen “la intensidad, el compromiso y el interés sexual” sin esa capa extra de ansiedad que conlleva el “amor obsesivo” pueden mantener una relación saludable. Tal como lo indica la especialista en una columna en el portal Pshychology Today, esta conclusión optimista llevó a Acevedo a declarar que las “parejas que han estado juntas mucho tiempo y desean recuperar su chispa romántica deben saber que es una meta alcanzable que, como la mayoría de las cosas buenas de la vida, requiere de energía y devoción”.

Pero Lisa se pregunta, “Si el amor duradero es un objetivo alcanzable, ¿cómo pueden las parejas de larga data reavivar un fuego que comenzó a escasear?”

La experta asegura que se puede preservar el “amor romántico”, evitando los “vínculos de fantasía” (también conocidos como “vínculos imaginarios” o “vínculos fantasmas”).
Según explica la especialista, este concepto fue desarrollado por su padre, el psicólogo Robert Firestone, y es usado para describir una “ilusión de conexión” entre dos personas. Se trata de una relación basada en rutinas y roles que sustituyen a los verdaderos actos de amor y sentimientos.

“En estas relaciones, una pareja comienza a renunciar a su individualidad, pierde el ‘yo’ y se convierte en ‘nosotros’”, señala Lisa.

Para Robert Firestone, “tal vez el signo más significativo que un vínculo imaginario se ha formado es cuando uno o ambos cónyuges renuncian a áreas vitales de interés personal, sus puntos de vista propios y opiniones, su individualidad, para convertirse en una unidad, un todo. Pero este intento de encontrar seguridad en una ilusión de fusión con otro, lleva a una pérdida insidiosa y progresiva de la identidad de cada persona”.

Además, esta pérdida de la identidad es perjudicial para sostener el amor romántico. “Nuestras atracciones iniciales se basan en gran medida de un sentido de interés; una intensidad hacia el otro; y una atracción hacia una persona individual. Esta combinación de compromiso emocional, intelectual y físico es necesario para mantener vivo el amor. Sin embargo, renunciamos a este entusiasmo a favor de un acuerdo más seguro en el que consideramos a nuestras parejas como extensiones de nosotros mismos, en lugar de apreciarlos por los individuos autónomos que son”.

El vínculo imaginario “explica la compulsión de las personas a revivir el pasado con nuevas relaciones, es decir, formar conexiones ilusorias que invariablemente conducen a una recreación de estilos defensivos de interacción desarrollados en la infancia. Una vez que se forma un vínculo imaginario, los individuos prefieren mantener una postura defensiva en lugar de confiar e invertir en sentimientos genuinos hacia a otros”. Y es que la mayoría de nosotros -dice la experta- decimos que queremos el amor verdadero, pero le tememos y escapamos de él.

“Un vínculo imaginario nos permite sentirnos seguros y conectados a otra persona, al mismo tiempo que adormece algunas de las emociones más dolorosas que el amor suscita, como la ansiedad existencial, el miedo a la pérdida, recuerdos dolorosos, nostalgia, o rechazo”, explica.

Lo malo, es que no podemos bloquear selectivamente el dolor sin también bloquear la alegría, señala Lisa. “Sin saberlo, las parejas tienden a establecer rutinas y se adaptan el uno al otro en ciertos roles, en lugar de hacer frente a lo imprevisible y los retos inherentes que vienen con el mantenimiento de la pasión, el entusiasmo, y un profundo sentimiento de cariño por otra persona, aparte de ellos mismos”, añade.

Las señales de que puedes estar inmerso en un vínculo imaginario:
– Pérdida de contacto visual con tu pareja.

– Interrupciones en la comunicación.

– Demostraciones de afecto menos frecuentes y relaciones sexuales rutinarias.

– Pérdida de la independencia.

– Al hablar con alguien, usas excesivamente la palabra “nosotros” para referirte a tu pareja.

– Usan las rutinas diarias como símbolos de cercanía, en lugar de estar emocionalmente cerca.

– Incurrir en conductas de rol determinado (padre, esposa, sostén de la familia, el que toma decisiones, etc), en lugar de desarrollarte en función de tus objetivos e intereses personales.

“Si tu relación tiene algunas de estas cualidades, no te desesperes”, dice la experta, porque una vez que te das cuenta de que has caído en este tipo de vínculo, es posible recapacitar y trabajar en una relación más feliz contigo mismo y el otro.

“Primero debe investigar y explorar cómo el vínculo se manifiesta y daña tu relación actual. Luego, puedes detener los comportamientos que mantienen el vínculo de fantasía y trabajar en conductas que fomenten un contacto real y significativo con tu pareja. Puedes dejar atrás la dinámica que hace daño y fortalecer tu capacidad de amar y ser amado”, concluye.

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