Los guardianes de Poñén

La foto de un menor con un bidón posteada en redes sociales se transformó en símbolo de la desinformación en la emergencia. La Tercera visitó la comuna de Florida, epicentro en Biobío de los últimos incendios. Allí está el sector de Poñén, donde vive la familia Soto-Retamal. Esta es su versión de los hechos.

Uno llega a la comuna de Florida y el escenario resulta desolador. Extensas zonas forestales devastadas por el fuego e innumerables focos que rebrotan incluso a un costado de la ruta. Son decenas, tal vez cientos las casas siniestradas y miles los damnificados. Florida es hoy la “zona cero” en la Región del Biobío del llamado peor incendio en la historia de Chile. Allí, a 25 kilómetros al oeste, en la ruta que bordea el río Andalién rumbo a Concepción, se encuentra el sector de los puentes. Y siete kilómetros al interior, un pequeño valle llamado Poñén y que bordea un cerro del mismo nombre.

Allí vive Alexis Grandón, de 33 años, junto a su hermano Alfredo, de 15. El pasado domingo 29 de enero, ambos, junto a una treintena de vecinos, realizaban contrafuegos en el sector Puente 5 para evitar el avance de los incendios hacia sus viviendas. Allí fueron fotografiados y filmados por el dirigente vecinal de Concepción y secretario comunal de RN, Saúl González, quien -sin aceptar explicaciones, aclara Alexis a La Tercera- los denunció a Carabineros. No fue todo. Horas más tarde el mismo González compartió en una popular red social penquista las imágenes. “Nos enteramos esa misma noche al entrar a Facebook. Allí estaba la foto de mi hermano con el bidón, totalmente tergiversada y con muy mala intención”, señala Alexis. “La foto tenía miles de visitas y cientos de comentarios, todos muy violentos. Nos asustamos mucho”, reconoce. La imagen se viralizó de inmediato.

Al día siguiente ya era trending topic en Twitter. Era el comienzo de todo lo que vino después. González, al ser consultado sobre la razón por la que hizo la publicación, indica que “es delito en Chile quemar sin autorización”.

Los héroes de Poñén

Setenta y dos familias componen la Junta de Vecinos de Poñén. Los hombres, en su mayoría, son obreros forestales. Las mujeres, dueñas de casa que reciben apoyo del Prodesal y de otros programas del gobierno. Unas producen hortalizas; otras, miel, básicamente para subsistencia. “Son familias de sacrificio que con esfuerzo envían a sus hijos a estudiar a Florida, Penco o Concepción”, cuenta Antonio Meza, presidente de la junta vecinal. Su opinión de los brigadistas de Poñén es una sola; “Ellos son los héroes de nuestra comunidad”.

“Yo me siento orgulloso de estos cabros, los conozco desde chicos y son muy sanos. Nunca los he visto pelear, andar enfiestados o en malas cosas. Si no hubiera sido por ellos y su iniciativa, este sector hace rato que estaría quemado”, agrega el dirigente. Lo mismo opina el pastor de la iglesia de Poñén, Juan Carlos Henríquez. Él fue testigo del trabajo de los jóvenes brigadistas: “Ellos acudieron a realizar contrafuegos. Pero en la ruta había citadinos, gente que no entiende ese trabajo y opinaron muy mal. Fueron quienes los grabaron y llamaron a Carabineros”.

El pastor tuvo que intervenir. “Expliqué a Carabineros lo que pasaba. Les dije que la persona que es de campo sabe hacer quemas, sabe manejar el fuego y que todo se trataba de una confusión. Ellos gracias a Dios entendieron”, relata.

No todos en Poñén son campesinos. También viven en el sector jubilados de la Armada y Carabineros. Y familias penquistas que instalaron allí sus casas de veraneo. Fue el caso de Ingrid Retamal y su marido, reconocido empresario de obras civiles en Concepción fallecido hace un año. “Nos enamoramos de este lugar, de su tranquilidad y cercanía con la ciudad”, cuenta. Hoy esa tranquilidad se ha roto y por partida doble, reconoce. Primero, por los incendios que cercaron Poñén por al menos dos semanas. Y luego, por lo acontecido en redes sociales con los jóvenes del sector. Entre ellos Marcelo, su hijo de 23 años, y Alexis, su yerno. “Ha sido una verdadera pesadilla”, nos cuenta. “Y lo paradójico es que gracias a la iniciativa de estos chicos en Poñén pudimos todos dormir algo más tranquilos. Aquí cualquier foco en Puente 5, Puente 6 o Puente 7 podía ingresar a este valle y arrasar con todo. Ellos se encargaron de que no sucediera”, relata.

Ingrid está dolida con los medios y las redes sociales. “Nuestros hijos estaban haciendo un bien a la comunidad y los presentaron como terroristas, como pirómanos sin siquiera chequear la información”, señala. Y llegado el momento, advierte, perseguirán responsabilidades. “Voy a dar la pelea por los chicos. Primero, para que no les hagan un juicio o manchen sus papeles. Y luego estudiaremos otras acciones legales”, comenta. Ingrid se emociona al hablar de Alfredo, el menor fotografiado con el bidón y quien por estos días se encuentra en su casa, casi refugiado. “Al Alfredito lo quiero como un hijo, él perdió su mamá hace un año por un cáncer y ahora le pasa esto. Lo veo asustado y con mucha pena. Tuvo que cerrar su Facebook por las amenazas y los ataques que recibía”, relata Ingrid.

“Es una maldad lo que hicieron con él, es un niño educado, trabajador, su hermano y mi hijo son universitarios… ¡No hablamos de antisociales!”, concluye.

Los jóvenes han declarado ante la PDI y Carabineros. Son indagatorias normales en estos casos, les dijeron. Ellos han colaborado. Sólo esperan que todo se aclare. Y volver con sus vidas a la normalidad.

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